En 2075 se prevé que la Tierra alcance los 10.000 millones de habitantes, casi 2.000 millones más que en la actualidad. Esta proyección genera inquietudes sobre la capacidad del planeta para producir alimentos suficientes, considerando que enfrentaremos los mismos límites de superficie y recursos. La pregunta que surge es: ¿habrá comida suficiente para todos dentro de 50 años?
La Revolución Verde
Durante el siglo XX, la población mundial comenzó a aumentar notablemente, lo que provocó un cambio profundo en la producción agrícola conocido como la Revolución Verde. Este fenómeno se tradujo en un aumento del rendimiento agrícola para satisfacer las demandas crecientes de la población. El número de toneladas producidas por hectárea creció, así como la superficie de regadío y el uso de fertilizantes. Este modelo de agricultura ha cambiado radicalmente y se espera que esta transformación continúe en las próximas décadas, según Manuel López, investigador de Ciencias del Suelo de la Universidad de Zaragoza.
Las condiciones del planeta están cambiando
El cambio climático afectará directamente a las condiciones del planeta en los próximos años. De hecho, cada vez son más frecuentes los episodios de alta intensidad, con precipitaciones que provocan la pérdida de suelo por erosión hídrica. Este fenómeno, junto con mayores episodios de sequía y el incremento de las temperaturas, genera estrés térmico en las plantas. López comenta que “las plantas en nuestro entorno han evolucionado para soportar el calor durante el día; sin embargo, si por la noche no refresca, esto genera un estrés en su fisiología”.
La desigualdad mundial es notable, ya que hay países que producen más alimentos de los que consumen. Sin embargo, López advierte que el hambre en algunos lugares se debe más al contexto político o económico que a la capacidad técnica de esos territorios para producir comida.
Las nuevas normativas
A pesar de que el crecimiento poblacional y los avances científicos son factores relevantes, las decisiones institucionales son las que marcan la pauta en la sociedad y las normativas que deben seguir las empresas. “La Unión Europea promueve la agricultura de conservación, que busca preservar los recursos de suelo y agua”, explica López. Para lograrlo, se deben cumplir tres condiciones: laboreo mínimo, rotación de cultivos y cobertura del suelo.
Cambios en la agricultura
El laboreo mínimo tiene como objetivo reducir la cantidad de labores mecánicas antes de la siembra, ayudando a conservar el suelo y sus propiedades, a la vez que permite disminuir costes. La rotación de cultivos consiste en alternar diferentes especies en una misma parcela, lo que ayuda a reducir enfermedades y plagas, además de mejorar la fertilidad del suelo. La cobertura del suelo implica mantenerlo cubierto con cultivos, restos de poda o hierbas, lo que minimiza la erosión por lluvia y viento, aumenta la materia orgánica y disminuye la lixiviación de nutrientes.
Asimismo, se están implementando modelos alternativos para la producción de alimentos, como la agricultura de precisión y la agricultura ecológica. “Debemos apostar por tipos de agricultura más productivos y respetuosos con el medio ambiente, adoptando prácticas más sostenibles”, afirma Silvia Quintana, investigadora de Ciencias del Suelo de la Universidad de Zaragoza.
La agricultura de precisión
La agricultura de precisión utiliza nuevas tecnologías para optimizar la productividad y reducir el uso de insumos (fertilizantes, fitosanitarios, agua, semillas y combustible). Este enfoque busca ser más eficiente y amigable con el medio ambiente, reduciendo al mismo tiempo los costes de producción. Por otro lado, aunque la agricultura ecológica tiende a tener un menor impacto en el suelo, su rendimiento es también inferior.
Según López, en Europa existe un listado “muy restrictivo” de productos químicos que se pueden utilizar en el campo. Sin embargo, en los países en vías de desarrollo, algunas leyes permiten el uso de ciertos productos químicos, lo que puede conllevar una mayor producción a corto plazo pero afecta la calidad a largo plazo.
Más allá de las soluciones técnicas o las decisiones políticas, la sociedad tiene un papel importante que desempeñar. Es crucial que la población sea consciente de que las tierras cultivables son limitadas. “La población mundial crece, y queremos comer a un precio accesible. Debemos aumentar el rendimiento sí o sí”, analiza López. Para ello, la clave está en “suelos sanos y de calidad”.
Una sociedad concienciada puede exigir a los políticos cambios reales. “Es importante educar y concienciar a la población, que es la que le dice al político lo que tiene que hacer. Si la sociedad no se preocupa, el político no prestará atención”, concluye.






