La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha destacado en su último informe que Brasil está llevando a cabo una transformación profunda de su modelo productivo. Este proceso se apoya en una estrategia a largo plazo que combina modernización industrial, transición energética y una significativa inyección de financiamiento público, así como cooperación internacional.
De acuerdo con el informe “Perspectivas Económicas para América Latina”, elaborado en conjunto con la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la Comisión Europea y la CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, Brasil está diseñando una agenda con el objetivo de elevar la competitividad, fortalecer la sostenibilidad y reducir las brechas regionales.
Entre los puntos destacados se encuentra la “Estrategia Brasil 2050”, que busca abordar desafíos estructurales como la adaptación climática y la revolución tecnológica, articulándose con planes sectoriales como “Nueva Industria Brasil” (NIB) 2024-2033. Esta iniciativa está centrada en reforzar la innovación y la competitividad industrial mediante herramientas financieras y técnicas que impulsen la descarbonización y la digitalización.
Plan Nacional de Transición Energética
El Plan Nacional de Transición Energética (PNTE) 2024-2034 tiene como objetivo transformar la matriz energética del país, haciendo énfasis en la expansión de energías renovables y la creación de polos de hidrógeno verde.
Otro componente clave es el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), que está diseñado para dinamizar la economía a través de inversiones masivas en infraestructura física y digital, que acompañen la modernización productiva.
El Gobierno de Brasil ha lanzado igualmente el “Plan Más Producción”, dotado con 50.000 millones de dólares entre 2024 y 2026. Este plan tiene el objetivo de financiar la adquisición de tecnología, ampliar la investigación y apoyar la digitalización de las empresas. Gran parte de estos recursos se canaliza a través del Banco Nacional de Desarrollo, que ofrece créditos subsidiados, líneas de financiamiento para innovación y incentivos fiscales, con especial énfasis en micro, pequeñas y medianas empresas.
En paralelo, el PAC ha reservado más de 250.000 millones de dólares para obras de infraestructura, especialmente para proyectos verdes y la conectividad digital. Además, el recientemente creado “Fondo Nacional de Desarrollo Industrial y Tecnológico” (2025) respalda iniciativas estratégicas mediante subvenciones y préstamos a bajo interés.
Brasil complementa esta impulsión interna con una creciente red de alianzas internacionales. El país fue seleccionado por los Fondos de Inversión en el Clima para llevar a cabo un plan industrial de 230 millones de dólares, destinado al desarrollo de tecnologías bajas en carbono. En 2024, Brasil lanzó, junto al Reino Unido, el “Centro de Descarbonización Industrial”, que se enfocará en el intercambio de conocimientos para acelerar el proceso de descarbonización.
La OCDE también ha puesto de relieve otras políticas relevantes como la “Asociación para la Nueva Revolución Industrial” en el marco de los BRICS, y la cooperación con Canadá y China para fortalecer la competitividad de las pequeñas y medianas empresas.
Por último, la OCDE concluye que Brasil ha construido una arquitectura robusta para acelerar su transformación productiva, apoyándose en energía limpia, innovación industrial, infraestructura moderna y financiamiento público estratégico. Sin embargo, el reto será asegurar la ejecución coordinada y sostenida de estos planes, con el fin de aprovechar plenamente las oportunidades que ofrece la economía verde y digital.




