Las filas en las estaciones de distribución de combustibles en Bolivia han disminuido de manera notable, especialmente desde que Rodrigo Paz asumió la presidencia. Esto se ve acompañado de un descenso en la cotización del dólar en el mercado paralelo y la reducción de algunos precios que habían estado en alza por varios meses.
La normalidad en la distribución de diésel y gasolina se ha observado principalmente en las ciudades del eje central, que agrupan a Santa Cruz, La Paz, El Alto y Cochabamba, donde se concentra la mayor parte de la población. Hasta la semana pasada, era habitual que en cada estación de combustible hubiera filas extensas, con conductores esperando horas para llenar sus tanques, lo que afectó la dinámica de provisión de servicios, alimentos y mercancías.
Erick Bronson, director distrital de la Agencia Nacional de Hidrocarburos en Potosí, informó que “las filas han bajado considerablemente, más de un 50 % o 60 %”, gracias al ingreso de camiones cisterna que el presidente Paz lideró el pasado domingo.
La crisis de combustible en Bolivia
Recientemente, el presidente realizó una visita sorpresa a una estación de venta de combustible en La Paz para dialogar con usuarios y personal de atención, quienes le manifestaron que ahora hay gasolina disponible todo el día y que las esperas casi han desaparecido. Según el gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, este cambio es un “mensaje claro de cambio” frente a la incapacidad del anterior Gobierno de Luis Arce.
La semana pasada, Paz visitó Estados Unidos siendo aún presidente electo, donde se reunió con altos funcionarios del Gobierno estadounidense y ejecutivos de organismos multilaterales para abordar la falta de combustibles y la escasez de dólares que enfrenta el país desde principios de 2023. Esta escasez de divisas ha coincidido con la disminución de las reservas internacionales netas (RIN), lo que ha generado restricciones en el sistema financiero y una existencia de un tipo de cambio paralelo que, en su peor momento, casi llegó a triplicar el valor oficial de 6,96 bolivianos por dólar. Actualmente, el dólar paralelo se cotiza alrededor de 10,5 bolivianos, tras haber superado los 14 bolivianos hace algunas semanas.
El mayor desafío
El Gobierno de Paz ha indicado que su principal desafío es encontrar la “mejor forma” de eliminar la subvención a los combustibles, que ha mantenido el precio del litro de gasolina y diésel estable en 3,72 y 3,74 bolivianos (aproximadamente 0,50 dólares) durante más de dos décadas. El ministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinaceli, mencionó que aún se analiza “cómo se tratará” la eliminación de esta subvención, que representa entre el 4 % y el 8 % del Producto Interno Bruto (PIB), y cómo se implementará una nueva “estructura de precios”.
Una porción significativa del combustible subvencionado en Bolivia se traslada de manera ilícita a los mercados de países vecinos, donde se vende a precios más altos. Mario Silva, representante de los transportistas sindicalizados y legislador departamental de La Paz, alertó al Gobierno sobre el riesgo que implicaría retirar la subvención a este sector, indicando que “al día siguiente, todo podría subir de precios hasta un 100 % o 150 %”.






