Personas observan mercancía en un local del comercio en la Rua 25 de Março, en São Paulo (Brasil). / Isaac Fontana
Por Carlos Meneses
São Paulo.- El Gobierno de Donald Trump ha puesto en el centro de su guerra arancelaria un lugar tan inesperado como emblemático de São Paulo: la Rua 25 de Março, el mayor mercado popular de Brasil. Esta situación ha sorprendido a muchos, que ahora ven cómo este icónico centro comercial se convierte en un objetivo del gobierno estadounidense.
Con 160 años de historia, esta calle, situada en el corazón de la capital paulista, es conocida por casi todos los brasileños. La administración republicana parece haberla incorporado a su radar, aludiendo a ella en informes de investigaciones y acciones comerciales.
La frase «Si no lo encuentras, ve a la 25» está profundamente arraigada en el imaginario colectivo del país. Desde el amanecer, el ir y venir de las personas en la calle es constante, y es posible encontrar una variedad impresionante de productos tanto legales como ilegales: desde trajes de carnaval y alfombras hasta juguetes, electrónicos y ropa, e incluso viagra de contrabando.
No obstante, las amenazas de Trump han interrumpido la rutina de esta bulliciosa región. La Oficina del Representante Comercial de EE. UU. ha abierto una investigación contra Brasil por supuestas prácticas comerciales discriminatorias, apuntando que la Rua 25 de Março ha sido, durante décadas, uno de los mayores mercados de productos falsificados, a pesar de las redadas realizadas en la zona.
Esta acusación llega en un momento de escalada de tensiones entre ambos países, tras el anuncio por parte de Trump de aranceles adicionales del 50 % a los productos brasileños a partir del 1 de agosto, motivados principalmente por razones políticas. El exmandatario considera que el expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro es víctima de una «caza de brujas», pues está siendo juzgado en la Corte Suprema por un presunto intento de golpe de Estado contra su sucesor, Luiz Inácio Lula da Silva.
## Espanto y preocupación entre los comerciantes
Elias Ambar, director de la Unión de Comerciantes de la 25 de Março, expresa su indignación: «Estamos indignados, es una afirmación absurda que causa espanto y preocupación. Sin embargo, somos un centro de comercio de tradición que ha superado muchas adversidades. Lo haremos nuevamente».
Ambar, cuya familia tiene un negocio en la zona desde hace 72 años, resalta que la región alberga más de 3.000 comercios y genera 38.000 empleos directos. Se dice incapaz de entender cómo el Gobierno de EE. UU. puede fijar su atención en un lugar tan alejado de la Casa Blanca, en medio de los múltiples problemas que enfrenta el mundo.
Si bien Ambar admite la existencia de locales clandestinos que operan con productos piratas, aclara que ese fenómeno está presente en todas partes del mundo y hace un llamado para que se combata en su origen. Sostiene: «Lo que existe de ilegal depende de las autoridades».
Un trabajador de un centro estético en la zona, que prefiere permanecer en el anonimato, comenta que uno de los productos más demandados en el mercado de contrabando son las zapatillas deportivas. Por su parte, Roberto Mateus Ordine, presidente de la Asociación Comercial de São Paulo, argumenta que la piratería de productos de EE. UU. fue un problema más común en el pasado, pero que ha disminuido.
Asegura que el fenómeno actual es la avalancha de importaciones chinas a precios muy bajos, y tilda de “lamentables” las acusaciones del Gobierno de Trump, atribuyéndolas a una «información probablemente tergiversada».
## Trump, el último de los problemas
Trump se ha convertido en la última de las dificultades que enfrentan los comerciantes de la Rua 25 de Março. La pandemia de COVID-19 causó un gran daño a sus negocios, y a ello se suman el clima de inseguridad y la irrupción de los gigantes del comercio electrónico.
Estos factores han contribuido a un «vaciamiento» del centro de la ciudad más poblada de Suramérica, impactando de manera directa a la Rua 25, como lo señala Daniel Checchio, articulador de la ONG Red Social del Centro, que apoya a personas en situaciones de vulnerabilidad.
De ascendencia calabresa y con 60 años, Checchio nació en un edificio en la misma Rua 25 de Março, donde pasó su infancia y recuerda que solía ser una «calle de encuentros». Aún hoy, sigue atrayendo a miles de personas, y en fechas señaladas, como la campaña navideña, la afluencia diaria puede alcanzar hasta un millón de visitantes, según cálculos de la Alcaldía de São Paulo.
«Trump debería mirarse en su propio espejo. En EE. UU. también hay calles de comercio popular donde hay mucha cosa ilegal», afirma Checchio, dejando en claro que la situación no es exclusiva de Brasil, sino que refleja problemas más amplios que afectan a diversas regiones del mundo.





